El 26 de julio, día amargo para los peronistas y para la causa popular, porque ese día, allá por 1952, dejaba el mundo terreno, el alma de Eva Perón. Esa gran revolucionaria que quiso ser llamada simplemente Evita.Legaba a su Patria una extraordinaria obra de justicia social y el ejemplo de su fuerte compromiso militante por el bienestar de los desposeídos, sus “descamisados”; y su lucha contra la dependencia y la injusticia social.
Su memoria, su voz, sus discursos, sus imágenes, su joven belleza y su rebeldía quedaban para siempre en el corazón peronista de los que la amaban. Inmortal, intocada por la muerte, agigantada en su martirio, un mito que el tiempo se encarga de tener siempre vigente, aquí en su Patria y en el mundo.

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